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Cine

Humanidad y globos de papal

16ª Semana de cine japonés
24/7/2018, a las 21:00
Casa de Colón
Colón, 1
Las Palmas de Gran Canaria

Ninj? kami f?sen. 1937. B/n. V.O.S.E. 86’

Dirección: Sadao Yamanaka.
Guion: Shintar? Mimura.
Fotografía: Akira Mimura.
Dirección artística: Kazuo Kubo.
Música: Tadashi Ota
Productora: PCL.
Intérpretes: Ch?j?r? Kawarasaki, Kan’emon Nakamura,Tsuruz? Nakamura,m Ch?emon Band?, Shukez? Sukedayaka, Shizue Yamagishi.

Matajuro, un samurái caído en desgracia, sobrevive fabricando globos de papel junto a su esposa en un vecindario marginal ocupado en su mayoría por vendedores ambulantes. Allí vive también Shinza, un barbero de vida ociosa que siempre anda metido en problemas por su altanería y afición al juego. Las vidas de los dos hombres se entrecruzan cuando ambos se ven envueltos en los tratos de una familia de prestamistas y un poderoso jefe samurái, antiguo protegido del padre de Matajuro.

La figura de Sadao Yamanaka está marcada por una doble tragedia: su inesperada muerte en el frente chino, cuando todavía no había cumplido los 30 años de edad, y la destrucción casi total de su obra principalmente a causa de la guerra. Tan sólo tres de las veinticuatro películas que rodó en apenas siete años de carrera lograron sobrevivir a los bombardeos, los incendios y la degradación producto del tiempo. Pese a todo, su legado seguiría vivo en las imágenes de otros realizadores influenciados por su obra, así como en los modismos del género que le encumbró y a cuyo desarrollo contribuyó de forma decisiva: el drama de época o jidai-geki de tono realista, que de la mano de Yamanaka alcanzaría una de sus cotas más altas en Humanidad y globos de papel. La estudiada disposición de los elementos contenidos en cuadro, la articulación del espacio por medio del corte, el punto de vista bajo de la cámara y el empleo de primeros planos de objetos a modo de “naturalezas muertas” (esos omnipresentes globos de papel, alegoría de la existencia efímera y desamparada de los protagonistas) nos permite reconocer su impronta en el imaginario del renombrado Ozu. Pero sobre todo, nos hace soñar con la grandeza de ese cine “otro” que pudo haber sido y que, por desgracia, nos fue arrebatado con su prematura desaparición.